“Cuando las naciones decidan echar mano de sus armamentos atómicos, la destrucción total estará precedida por un invierno nuclear, el fin de toda esperanza…”
Si llegaras hoy, hijo mío,
hasta esta tierra,
¿Qué podría explicarte
del pecado, de la ira original
de Dios contra los hombres?
Ya mucho no hay que hablar,
la mano humana escribió
con el lenguaje atómico del siglo
el nombre del poder en este cielo:
el universo entero se deshizo
en un tímido vuelo sin palomas,
tiznado grito de gemidos grises,
latido amargo de canciones ciegas.
¿Cómo te diría que al Principio
fuimos castigados por soberbios,
y hoy la tierra largamente florecida
de ciencia, de saber y tecnicismos,
destiló sutilmente sangre joven,
a través de cifras y guarismos,
y empezaron a librar la Gran Batalla
en los pulcros talleres de la muerte…
¡Qué fácil fue creer desde el comienzo,
sin pensar en los rostros del espanto,
abstraerse y matar sólo tocando,
un inocente botón, una palanca,
reloj ciego de reacciones en cadena
que destruyera sonrisas y montañas…!
Y ahora…
en el fuego irreal del estallido último
sonríe la soberbia nuevamente
porque entonces perdíamos la Gracia
y hoy el mundo es promesa sin morada,
manantial inerte de silencios destruidos,
verde temblor de bosques deshojados…
¿Cómo podría explicarte que los hombres,
engranajes insomnes de la muerte,
artífices del poder para la nada,
todavía se acordaban de la infancia.
aún soñaban al rumor del agua,
y sabían que las lágrimas
a la luz de las estrellas
también eran una forma de esperanza?
Yo no se si podría relatarte
alguna historia antigua en que la paz
sonriera en este mundo…
pero hace tiempo se murió la brisa
que traía la canción de las sirenas
en un haz de melodías indecisas;
el Unicornio Azul está dormido
entre zarzales de silencio enmohecido;
el Centauro enamorado ya no canta
con su lira florecida de victorias y de lanzas,
(él no entiende de guarismos ni de fórmulas)
…Las sombras crecen y el silencio asusta,
el Único camino es espejo disperso que refleja
sueños de sueños sin auroras y sin párpados…
¿Quién podría contestarnos La Pregunta,
(¿Por qué si el hombre amó la luz,
alimentó la sombra?)
La mismísima Esfinge del Tebano
diseñaría inútiles enigmas
que volarían deshechos contra el cielo,
porque no habría alas para elevarse
hasta el misterio,
porque no habría cielo
que contemple el daño.
Ayer nomás, este cielo sin aire
y sin batalla, cuajado de voces cenicientas,
tenía el mismo color de tu ternura,
el brillo alegre de tu risa breve,
el calor dulce de tu llanto claro…
…pero tú no entiendes nada de pecado,
sólo un invierno sin fin canta a tu llanto
y un cielo aletargado de hojas muertas
esparce promesas rotas en tus labios…
¡Mejor que no lo veas!
La inocente claridad de tus pupilas
no está hecha a la medida del abismo;
quiero que sueñes en tu cuna de ceniza
junto al Angel muerto de la primavera
que tal vez “mañana”…
(voz inefable que la memoria efímera rescata
en el límite del último silencio)
…vendrá otro Edén, con otro Fruto Prohibido
y otro Infierno, con otro sol
que nos preste su tibieza clara…
(el aire se deshizo en copos de ceniza
estremecida, la humanidad fue un sueño vago,
de unos cuantos siglos, sin recuerdo)
…y noches nuevas con estrellas parpadeantes
y con guerras, pero guerras de Quijotes
y de Sanchos, con espada, caballo y caballero,
con victorias, derrotas y batallas,
ira, risas, lágrimas, recuerdos…
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Te espero – Hijo - en el confín
de un tiempo nuevo,
con tu recuerdo pegado a mi cintura,
con tu llanto acunado en mi silencio…
¡Yo espero otra floresta y otro bosque,
donde el agua sueñe la leyenda humana,
con mañanas, ocasos y dolores,
y la inocencia tímida rescate
al Unicornio Azul dormido entre las flores…!
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